Graciela Taquini

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Border line
Instalación para sitio específico: Ascensor
Video digital 2, 60 color Animación 3D y 2D.
Diseño audiovisual: Gabriel Rud
Diseño sonoro: Gonzalo Biffarella
Locución: Silvia Atwood

Agradecimientos: Fundación Osde y Universidad Maimónides
2007

Sinopsis:

Este video fue realizado para un proyecto de intervención en el ascensor detenido de la Fundación Osde para la muestra curada por la Dra. Laura Malosetti Costa: Pampa Ciudad y Suburbio de 2007. 
El público entraba en un ascensor tipo jaula del edificio y pulsaba una perilla para hacer funcionar el video que resultaba ser una publicidad de un satélite de vigilancia. Mediante un sensor, en un momento la luz del ascensor empezaba a titilar hasta un apagón al final del video, cuando la situación se enrarecía.
Mezcla de terror y ciencia ficción, surgió como un paisaje paranoico orwelliano, pero donde el cazador puede ser cazado. O el usuario puede tener un margen de libertad y desconectarse.
Esta pieza tiene varias versiones:
Una versión en inglés con voz robótica.
Una versión europea que toma como centro de la vigilancia la Universidad de Barcelona y la Universidad de Valencia para una muestra del 2008.

textos sobre border line:

La intervención de Graciela Taquini en el ascensor de la sala – espacios claustrofóbicos si los hay, los ascensores – apunta a los métodos más actuales de control, medición y vigilancia de cada centímetro del planeta. La información proporcionada por los satélites y codificada por la red de Internet, ha llevado el registro cartográfico a niveles insospechados de precisión y hasta de identificación de la imagen con el sujeto representado. Taquini invita a la paranoia del espectador tensando la percepción de los alcances terroríficos de la tecnología puesta al servicio de ordenar, vigilar, controlar: una vieja y siempre vigente aspiración de la modernidad tecnológica.

Por Laura Malosetti Costa. Catálogo de Pampa, Ciudad y Suburbio, Fundación Osde, pág. 24.

El público debía pulsar una perilla para disparar un video: un simulacro de una publicidad de una empresa de vigilancia satelital. A través de un dispositivo de sensado, en un momento dado la luz del ascensor empezaba a titilar hasta apagarse por completo al final del video. Además de esta versión, la pieza tiene otras dos: una versión en inglés con voz robótica y una versión que toma como objeto de la vigilancia a la Universidad de Barcelona y a la Universidad de Valencia para una muestra del 2008.
Baudrillard señala que el simulacro atañe a "una suplantación de lo real por los signos de lo real, es decir, de una operación de disuasión de todo proceso real por su doble operativo, máquina de índole reproductiva, programática, impecable, que ofrece todos los signos de lo real y, en cortocircuito, todas sus peripecias. De esto se trata Borderline: de la simulación de una amenaza que no persigue sino la disuasión. La amenaza no es real sino un simulacro y, en este contexto, la disuasión es la verdadera amenaza. Porque, como advierte Baudrillard:
"Lo que se trama a la sombra de este dispositivo, bajo el pretexto de una amenaza 'objetiva' máxima y gracias a semejante espada nuclear de Damocles, es la puesta a punto del mayor sistema de control que jamás haya existido y la satelitización progresiva de todo el planeta mediante tal hipermodelo de seguridad".
Borderline implementa un dispositivo disuasivo que involucra un espacio cerrado. Utilizando la iconografía de los sistemas de seguridad –la interfaz del Google Earth, imágenes satelitales de la localización del propio espacio expositivo, coordenadas vía GPS, simulaciones 3D, códigos de identificación, etc.-, el video amplifica lo real, lo hiperrealiza, al tiempo que la amenaza de catástrofe sobreviene –la luz titilante del ascensor. Nada sucede, sólo irrumpe la inminencia del peligro -vehiculizada por este doble operativo que es el video. En ese sentido, el habitáculo del encierro –el ascensor- es el territorio propicio para que la amenaza quede instalada.
 Sin embargo, este mecanismo de disuasión es legible dentro de los códigos que toda parodia supone. Y aquí una vez más el humor de Taquini se manifiesta para colocar a las sociedades de vigilancia en el territorio del absurdo.
La parodia implica la presencia de una segunda voz –la de los sistemas de vigilancia, en este caso. "La segunda voz, al anidar en la palabra ajena, entra en hostilidades con su dueño primitivo y la obliga a servir a propósitos totalmente opuestos. La palabra paródica se convierte en arena de lucha entre dos voces". Es así que la voz que construye el discurso revierte el sentido de la palabra de la que se apropia. Esta dirección paródica adquiere verdadera contextura en el espacio físico de la instalación. El tono irreverente frente a los sistemas de disuasión se solidifica en este espacio de encierro, en el que el efecto absurdo emerge con el apagado de la luz.
Este formato expansivo que propone Borderline entraña la eclosión de la parodia, el hostigamiento mordaz de los mecanismos persuasivos en el que los medios asumen un rol protagónico. Este proyecto sitio-específico supone la apropiación del ascensor y la generación de un dispositivo que funciona como elemento "embebido" dentro del entorno real.  En este orden de cosas, pareciera ser que el simulacro opera en un doble sentido: como una sustitución de lo real en el marco del video y como una apropiación de un discurso ajeno que dialoga con un espacio real en vistas a trastocar y a sustituir su significación. Simulacro de seguridad y simulacro de un entorno disuasivo cuya efecto final es la subversión paródica. Borderline excede el marco del video y confiere al espacio físico un rol determinante: más acá del ascensor todo se tiñe del gesto impertinente.

Yeregui, Mariela. Post video las artes mediaticas en la Argentina en la era digital, en historia critica del video argentino, compilación Jorge La Ferla, Malba/Telefónica, Buenos Aires, 2008.

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