Graciela Taquini

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caja negra / cubo blanco

La iniciativa de ArteBA de albergar y promover la video creación en su edición 2006, constituye una señal muy positiva. En el campo de las artes contemporáneas el video es mucho más que un soporte o una técnica. Representa, por sobre todo, la forma en que los artistas asumen los desafíos del tiempo y la imagen en movimiento, en sus distintas expresiones, con toda la potencialidad que esto implica.

Si el video tuvo en sus orígenes un carácter marginal y circunscrito a circuitos específicos, hoy es una práctica transitada por todo tipo de artista. Desde el punto de vista de su circulación, pasó del auditorio underground a dar un salto superlativo, logrando una fuerte presencia en bienales, mega-exposiciones y otras manifestaciones de todo tipo, accediendo a un mercado específico, ingresando en prestigiosas colecciones y avanzando incluso hacia el espacio público.

Si consideramos que el video arte es aquello que los artistas hacen con el video, la amplitud de las aproximaciones, la variedad de los temas, la multiplicidad de las formas y tendencias hacen muy difícil su definición y catalogación. No obstante, en los últimos años ha adquirido una identidad reconocible en el mundo del arte, conquistando por igual a productores y públicos.

La fórmula Caja Negra / Cubo Blanco, encarna una especie de incrustación simbólica de dos conceptos.

Por un lado la caja negra fue, históricamente, el dispositivo óptico que permitió captar la imagen de la realidad para transformarla en la realidad de la imagen. Conocido como cámara oscura, este aparato fue una asidua herramienta de la pintura y el dibujo a partir del siglo XVII. En el siglo XIX fue el principio que permitió la invención de la cámara fotográfica, a la que siguieron luego la de cine, televisión y video.

El cubo blanco es el paradigma del espacio expositivo moderno, la sacralización del lugar del arte por excelencia que se propone como un ámbito de pura neutralidad, de aislamiento y separación del mundo ordinario. Desarrollado a lo largo del siglo XX, en los últimos años ha sido duramente criticado, entre otros, por la producción electrónica.

Así, la relación Caja Negra / Cubo Blanco no sólo representa una antinomia conceptual, sino principalmente, un ámbito de tensiones inserto en el corazón mismo de la práctica artística contemporánea. No obstante, su funcionamiento está lejos de ser paralizador. Por el contrario, la distribución de fuerzas entre una y otro insufla vida a uno de los diálogos más activos del arte actual.

Las nueve cajas negras instaladas en el seno de ArteBA abren la puerta a un tipo muy particular de producción inmaterial. Son obras monocanal, es decir, presentadas en una pantalla única, una forma a medio camino entre la video instalación y el video objeto. Una forma que durante muchos años fue muy difícil de comercializar, pero que hoy encuentra un lugar en colecciones y museos.

De hecho, dos instituciones realizan presentaciones en este ámbito: el MUSAC de Castilla y León exhibe parte de su patrimonio; el Chelsea Museum de New York presenta un programa diseñado especialmente para esta ocasión.

Otro sector destacado corresponde a galerías latinoamericanas invitadas, que acercan la producción electrónica de Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. De esta forma, no sólo se incentiva la circulación artística entre esos países y el nuestro, sino que se amplía el espectro internacional de la feria, en algunos casos, con presencias que no se habían producido en ediciones anteriores.

Finalmente, las galerías argentinas cuentan también con espacios para la exhibición de sus piezas, aportando las voces de sus artistas a este encuentro polifónico de creaciones electrónicas internacionales.

Graciela Taquini y Rodrigo Alonso.

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