Graciela Taquini

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trueno y lago
encrucijada objeto/sujeto

anabel vanoni, martín calcagno

Delicado equilibrio generacional a partir de una exhibicionista y un voyeur, entre la presencia o el fantasma del sujeto y la tozudez del objeto. Oposiciones que surgen a partir de la fenomenología de sus obras. Vanoni deja huellas de acciones, trabaja ritualmente con su cuerpo y el cuerpo de los otros creando coloridas ceremonias, inventando panteones enraizados en la tradición, cosmogonías personales basadas en su pasión por culturas ancestrales, entretejiendo tiempos cósmicos y espacios míticos. Calcagno, con su impronta de escultor materializa la sociedad de consumo. Cierta sordidez del presente se construye desde la cosidad de la cosa sus objetos testigos articulan relatos electrónicos sobre la soledad de lo urbano.

El I-Ching dio su respuesta: son TRUENO Y LAGO, uno cuenta historias muy actuales a través de objetos relucientes, metálicos y fríos, la otra hace presente un tiempo eterno donde el arte potencialmente puede sanar. Parada en medio de la ruta observo dos caminos que se bifurcan y me trascienden, estoy en un punto de vista relativo, sólo me queda señalarlos.

11 muñecas sanadoras : anabel vanoni

Anabel Vanoni con su función demiúrgica hace brotar de su
imaginación un panteón de once mujeres cercanas a su corazón.
Todas responden a un mandato superior: convertirse en criaturas del bien, han sido creadas para sanar males psíquicos, físicos o espirituales. Verdad, bondad, belleza vuelven a ser lo mismo.

Santitas autoinventadas, simbióticas como las imágenes de vestir del barroco latinoamericano, sincréticas como las creencias populares. Son ídolas de cotillón de Once, diosas de kermesse. Parecen salidas de un estante de juguetes de alumnas de una escuela de alto riesgo del cono urbano.
Fundan una estirpe de personajitos de cuentos populares con una estética que no se encuentra en bienales, sino en las figuritas de brillantina, en las ilustraciones de golosinas de los kioscos de barrio o en las películas de Leonardo Favio.

Cada amiga del alma puso el cuerpo, le fue dado un color
emblemático único y singular. Junto a Anabel en un largo proceso diseñaron su atuendo y atributos. Una soleada tarde del mes once, Anabel concibió una puesta en escena performática, un juego de estatuas que fotografió y
registró en video. Desde entonces, como once penélopes fueron
tejiendo y armando fetiches benéficos clonando su propia
iconografía de muñeca sanadora.

Desde la vidriera del sacralizado espacio del CCEBA de la calle Florida, resuenan los años 60, pero este happening ceremonial, resulta más folk y nac que pop. Anabel, como una mítica Virgen gitana, como una Frida porteña, como diosa madre se autoenrosca en sus trenzas para recibir dones rojos mientras somos conducidos a una escala ascendente hacia el cielo azul.

Por Graciela Taquini.

http://www.cceba.org.ar/evento/evento.pl?evento=214