Graciela Taquini

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lo sublime banal

"Lo sublime/banal"
Video digital 11 minutos, color
2004.
Idea y Dirección: Graciela Taquini
Cámara: Vanesa Saimovici
Edición y Musicalización: FANFARRIA
Agradecimientos Canal Ciudad Abierta.

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Lo Sublime/banal es un ejercicio estilo en el que la cámara recorre sin solución de continuidad un ámbito doméstico y donde la historia tiene una revelación.
El plano secuencia resulta tan envolvente como el batido de la crema, o como la historia que narran dos mujeres maduras que, en lugar de hablar de temas cotidianos, reviven un hecho que tiene más de treinta años y que parece haber dejado marcas. Los géneros se desvanecen, las protagonistas, recrean una anécdota siempre recordada y a la vez contradictoria. Eternizadas por la imagen, unidas para siempre, Felicitas y Graciela vivirán en ese círculo de video entre París y Buenos Aires, en el pasado hecho presente ¿Cuál es el sitio de lo sublime? ¿Qué es lo banal? Para Cortázar, para el espectador, ¿para ellas? Lo sublime tal vez sea cómo se instaura en una cocina el mundo cortazariano una vez más.

Graciela Taquini

EXHIBICIONES

SOBRE GUSTOS
COLECCION CASTAGNINO+macro
OCTUBRE 2009
ROSARIO
http://www.museocastagnino.org.ar/

LA RECOLECCION
STAND ARTE BA 2004
ESPACIO CONTEMPORÁNEO MALBA
NOVIEMBRE 2004

VIDEO BARDO
FESTIVAL INTERNACIONAL DE VIDEO POESIA
MALBA BUENOS AIRES
DICIEMBRE 2004

FESTIVAL MACADAMIA
ALIANZA FRANCESA DE BUENOS AIRES
JULIO 2005

ESPACIO CULTURAL MERCOSUR
MONTEVIDEO, URUGUAY
MAYO 2005

MUESTRA DE CINE LATINOAMERICANO
DISTANT PARALLELS
GENE SISKEL FILM DE CHICAGO, ESTADOS UNIDOS
SETIEMBRE 2005

UNIVERSIDAD MAIMONIDES
ART MEDIA
2005

15 FESTIVAL VIDEO BRASIL
1 ° PREMIO ESTADO DE ARTE
SAN PABLO
SETIEMBRE 2005

FERIA DEL LIBRO DE STO DOMINGO
ABRIL 2006-03-29

FONDO NACIONAL DE LAS ARTES BUENOS AIRES
ABRIL 2006

FESTIVAL FREEWAVES, LOS ANGELES
NOVIEMBRE 2006

FESTIVAL VIDEO ZONE
TEL AVIV
NOVIEMBRE 2006

SPLIT CROACIA
MUJERES EN EL ENTRECRUCE DE LAS IDEOLOGIAS
ENERO 2007

ARTEBA
2008-04-25 presentado por la Galeria Lilian Rodríguez de CANADA

ADQUIRIDO POR LA MEDIATECA DE LA CAIXA FORUM DE BARCELONA
ADQUIRIDO POR LA FACULTAD DE BELLAS ARTES DE LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA

acerca del video “lo sublime/banal”
por Alberto Farina.

“Ser argentino es estar lejos”. Julio Cortázar.

Un abarcador, inquieto y único plano secuencia le alcanza a Graciela Taquini para fundar un mundo dentro de una cocina porteña en la que dos señoras locuaces, una de ellas la autora, evocan su encuentro parisino con el escritor Julio Cortázar en 1971, mientras se baten cremas y se escogen frutillas para decorar el postre cuya degustación también las reúne. Ese plano secuencia funciona además enhebrando, conteniendo y unificando la altisonante dispersión de las protagonistas, capaces de girar en la misma frase del recuerdo totémico y poético, acaso distorsionado o estilizado por la memoria, hacia el detalle culinario, doméstico, evanescente, dicho y saboreado con el mismo énfasis.

Desde la elección bautismal para su video, Graciela Taquini explicita ese juego de opuestos, contrapuntos y contradicciones que atraviesan su obra. Desde su autorretrato “Roles” donde se hace llamar “monja” y “puta”, pasando por su tributo a Hitchcock en “Psycho” con escenas de ese clásico donde el tímido Norman Bates se travestía en su madre asesina, un video institucional para el Museo de la Ciudad sobre antiguos “Juguetes” utilizados por niños fantasmas, a su más reciente “Granada”, otro título ambivalente que puede referir a una canción o a un explosivo y resuelve en un plano cerrado, sobre el rostro de una ex detenida por la dictadura militar a la vez “sometida” por la cámara de la autora quien le dicta en off su discurso testimonial a la protagonista.

En todos campean las obsesiones temáticas y estéticas de Taquini, los plano secuencia envolventes o claustrofóbicos, la cámara indiscreta que encuentra acercamientos despiadados, el uso del espacio y el sonido off que resignifican la escena, la invocación de episodios ocurridos en la realidad y sublimados por la memoria o el arte o su simple representación, las contradicciones y contrastes que se resuelven en remates circulares o espejados, la certeza de haber perdido un centro y un orden, acaso más mítico que real, esa ausencia o lejanía que remite al tango y a la argentinidad cortazariana cuando el autor de Rayuela sentenciaba “ser argentino es estar lejos”.

Las señoras comensales y sofisticadas de “Lo sublime/banal”, una de ellas la autora, la otra su amiga Felicitas, lograrán simultáneamente convertir el empeñoso caos de su universo de citas e ingredientes en un laberinto con sentido, una arquitectura diría Borges, cuando finalmente comparten sobre la mesa dos comuniones: sus dos postres y sus dos postales de Notre Dame en las que Cortázar dejó armado su juego especular. A cada una le escribió algo que solo se verifica y revela sentido en la confrontación con lo que le escribió a la otra. A Taquini como a Cortázar le gustan los juegos de opuestos y saben que como todo juego necesita de reglas y necesita del azar.

También hay, como en todo tango que se precie, la invocación a un pasado que se hace presente, la convocatoria de fantasmas que regresan, mezcla indecente de “Tres anclados en París” (Cortázar, Taquini y su amiga Felicitas), con intromisión del recuerdo tipo “Naranjo en Flor” (“si toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado”) tan impreciso como mítico y sagrado (congelado fotográficamente desde las postales de París y eternizado por puño y letra de Cortázar en sus reversos) que irrumpe o encarna en un presente fugitivo, efímero, de urgencias domésticas y placeres instantáneos.

Como en Cortázar, lo extraordinario y lo fantástico asaltan lo cotidiano; la luminosa y sensual sesión culinaria deviene en otra de espiritismo y las repeticiones o los espejos se redimen en un círculo perfecto, gracias al cual diría Borges vivimos y morimos para que se repita una escena. Las simetrías no son tampoco ajenas a esta obra de Taquini que se clausura con el círculo de un vitraux de Notre Dame.

Tal vez aquellas jóvenes estudiantes de letras e historia del arte tuvieron ese encuentro con Cortázar en un bar parisino hacia 1971 para que hoy naciera esta obra. También Cortázar citaba a Mallarmé al decir que toda vida debería poder convertirse en una novela, que estábamos predestinados a ser literatura y que esa literatura nos justificaba.

Así como los pretéritos duendes de otro tiempo y otro espacio se hacen lugar aquí entre vajillas y batidoras del inexorable aquí y ahora, las puestas en escenas de los videos de Graciela Taquini se apoyan en una cámara que recorta, impone ausencias, nuca vemos clara, frontal o completamente a las protagonistas. Algo, mucho, queda escatimado para que sea ocupado por lo invisible. Recuerda que ver no es creer pues da verosimilitud a lo que no vemos y, paradoja, lo que vemos se embaraza de un tono irreal y alucinatorio o absurdo, o se evidencia el dispositivo de registro, si en “Granada” la protagonista declara mirando a la cámara, se mira en nosotros; en “Lo sublime..” se mostrarán las postales a cámara, el sonido o lo que se dice corren a contramano de lo que se escruta, con mayor interés por la realidad de la imagen que por la imagen de la realidad. Entonces, como en Velázquez, la pantalla se insinúa espejo, con su atroz insinuación de que somos nosotros y nuestro mundo, lo que suponemos real, un mero reflejo.

En esa metamorfosis, intrínseca al corte y recorte del lenguaje audiovisual y sus valores de espacio, luz, color y tiempo; lo sublime deviene en banal y viceversa, pues todo confluye en el espejo, en la circularidad de la cinta o el dvd, allí se subvertirá lo que está arriba quedará abajo y al revés según el punto de giro; la banalidad encuentra su reflejo sublime, la oscuridad su luz, lo furtivo su eternidad.

El micromundo escrutado por Taquini, aquí una acogedora cocina de la burguesía porteña, queda enrarecido, sometido a un extrañamiento, se desdobla, pierde certeza, como argentina esencial, pone en duda y en tensión el ser una unidad definida, teme y adivina ser otro que ha usurpado su nombre, solo cuando se resigna a no ser indiviso se completa y reconoce, necesita distancia y desprendimiento para detectar su verdadera silueta, sino toma la soberbia y peligrosa coartada de confundirse con su sombra. Las postales son tan banales por separado como sublime una vez que se conforma el par, solo allí se convierten en un fenómeno indiviso.

Cortázar, Graciela y Felicitas llevan a Buenos Aires puesto como los zapatos, pero eso se distingue mejor en rodeo ajeno, en el propio los distraen los detalles, no se aprecian como conjunto; salvo que como diagnosticó el escritor de “Casa tomada” un cielo plomizo los empuje hacia ceremonias de interiores, que otra cosa es “Lo sublime/banal” sino una ceremonia de interior donde ambas amigas ostentan frivolidades y sensibilidad, osadías y prejuicios, cholulismo y profundidad, cada una puede ser fama o cronopio, juntas –como sus postales- dibujan, con video en vez de tiza, la “rayuela”, ese juego infantil donde se puede ir de salto en salto, de plano en plano, hasta el cielo. El vitraux de Notre Dame me sugiere finalmente hacia dónde apunta y acierta esta videocreación.

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